Atado al ritmo olvidé, olvidé que las calles
se me hicieron grises cuando vagué por ellas,
que el salto y el grito se quedaron guardados
en bocas contorneadas de sombra.
Olvidé el bostezo y los ruidos y las tazas,
olvidé mis piernas, otro día mi cabeza.
*
Reciclé mi lápiz y un verso, lo hice, mientras rescataba
el fuego en la nube, mientras quise detener el viento
con una mano pero me fue imposible;
con una sujetaba mi paraguas
y con la otra mi cerebro.
No busco igual belleza en la rana y el viento,
o en el cuervo y la sombra. Me diría sin dudarlo,
que hermosa es la sombra del viento
y el cuervo comiendo ranas.
*
Así como todos los días olvido despierto
horas en mi ventana; olvidaré la nube, el brillo y el pájaro.
Mi existencia,
por momentos.
Eduardo Galleguillos