Hay sentimiento en todo lo desarrollado,
y en consciencia un poco más de pena.
Hay días grises, días blancos,
días verdes y azules, existen,
-Lo sé-
Existo, y ejerzo prematuramente en un no-tiempo. Sé, en la misma medida, que áquel es manipulable; insignificante.
Podría definirme en la inmensa tierra, y desbordar la mente en sus aguas. Podría hacerlo si me place, y si realmente tuviera la fuerza.
Me siento despegado del todo, y lo he repetido en infinitas ocasiones. Pero, debo decir que contrariamente mi sentido se burla de las cabezas flotantes que ríen a mi alrededor.
Llegar a la razón no es sencillo, gesticulaciones me dictan cosas, tantas. Por tanto, me considero una persona despegada de la realidad instantánea, pero no así del infinito carácter deforme de esté planeta
-no podría ser de otra manera, estamos destinados todos al encuentro de la verdadera razón-.
Ahora sin miedo sólo puedo decirlo, con una convicción aterradora. Diré que conforme pase el tiempo, y me defina o no en él, sé que en otro sea cual sea su forma, estaré dispuesto a contemplarlo en silencio.
Eduardo Galleguillos
Hubieron días en los que la música me supo más dulce, días en los que un trayecto inmenso se me hizo recorrible, finito. Existieron también pies y manos, interrumpidos atardeceres de mudez, y brillantes aguas frente a las sombras. Hubieron días en los que la noche intercepto un atardecer perdido, y yo y mi sombra, mi piel y mi llanto, se hicieron nada ―o al menos así lo creía―.
-No hubieron días en los que mi cabeza durmiera, no los hubieron. No hubieron sueños inútiles ni pesadillas infinitas. No las hubieron-.
Pero, debo decir, con seguridad, de que hubieron días en los que dejé de existir por momentos.
Eduardo Galleguillos
y mi cabeza, despegada de mi cuerpo,
se burla de la incompetencia de mis piezas vacías.
Eduardo Galleguillos